Escrito por Verónica Mildred

4:45pm, suena la línea telefónica de tu oficina, es Recursos Humanos pidiéndote que pases por su oficina.

Al llegar observas que hay una carpeta en su escritorio y te pide que por favor cierres la puerta para conversar en privado.

También existe el otro escenario.

Llegas muy tempranito a la empresa, al llegar tu Jefe te le acercas y le preguntas ¿Puedo conversar con usted? Es importante. Tu jefe observa que tienes una nota en las manos y con amabilidad te pide que pases.

Qué ocurre normalmente al finalizar la conversación de ambos escenarios:

Primer escenario:

¿Cómo es posible que me hicieron esto después de tanos años?

¿Qué, después de todo lo que entregué así me pagan?

Segundo Escenario:

¿Cómo es posible, después de todo lo que la empresa hizo por él, así es cómo paga?

Todo lo que la empresa invirtió en él y ahora se va.

Son algunos de los comentarios que se escuchan, cuando una empresa decide dar por terminada la relación laboral que mantenía con uno o varios colaboradores y viceversa, cuando el colaborador termina la relación laboral con la empresa.

Y aquí es donde entro yo, como la palabra lo dice, RELACIÓN…

Una relación laboral es como cualquier otra relación, llámese relación de amistad, de pareja o de negocios.

En toda relación hay dos partes, lo mismo ocurre en la relación laboral, una de las partes es el colaborador y la otra parte es la empresa (que es otro ser humano).

Una empresa puede tener muchas razones para dar por terminada una relación laboral, al igual que un colaborador cuando presenta su carta de renuncia y no quiero enfocar éste artículo en las causas de la terminación, más bien en lo que nos interesa: El fin de la relación.

Lo primero que debemos tener claro, es que en cualquier relación, ambas partes tienen sus propios intereses, por lo tanto, cuando una persona y una empresa deciden iniciar una relación laboral, es porque ambos tienen cualidades, herramientas y medios necesarios para llegar a la satisfacción de sus propios intereses. En palabras más sencillas, es un intercambio de ambas partes. (Yo te ayudo a lograr tus intereses y a cambio tú me ayudas con el mío).

Lo segundo que debemos tener claro, es que las empresas, no están obligadas a quedarse con nosotros de por vida porque le damos nuestro tiempo, conocimientos y talentos, recuerda que la empresa te está pagando por tu tiempo, conocimientos y talento, por lo tanto, no te debe nada. Fue decisión tuya, aceptar entrar a dicha relación.

Dar la milla extra, ponerle corazón a tu trabajo y ser entregado, es lo normal, todo lo que hacemos debemos hacerlo con amor y entrega. No podemos ser mediocre. Por lo tanto, no debemos decepcionarnos cuando se decide terminar la relación laboral y lo hemos dado todo por esa empresa o marca, pues lo normal y lo correcto es darlo todo en todo lo que hagas. Recuerda siempre, TÚ debes dar lo mejor de ti en todo momento y hacerlo todo con amor, por ti y para ti.

El colaborador tampoco está obligado a quedarse con la empresa de por vida, por más que la empresa haya invertido en él, recuerda, es un intercambio, en donde ambas partes mientras se mantenía viva la relación ganaban algo.

El fin de una relación laboral, no es sinónimo de discordia, por el contrario, ambas partes llevaban un tiempo caminando de la mano, y un día decidieron tomar caminos diferentes y debemos respetar con dignidad cuando alguien ya no quiere seguir caminando de la mano con nosotros.

Cuando cambiamos la forma en la que vemos la relación laboral, también cambiamos la forma en cómo reaccionamos ante las situaciones que suceden entorno a ella.

Y aquí es muy importante empezar a cambiar la forma en la que nos vemos a nosotros mismos, pues cuando cambiamos la forma en la que nos vemos, cambiamos la forma en la que observamos todo.

Cuando piensas como un empleado más, es cuando llega ese pensamiento que la empresa está obligada a darte, darte y darte.

Sin embargo, cuando empiezas a verte tú, como el CEO de marketing de tu propia marca y a la empresa para la que trabajas como tu gran cliente, créeme que la calidad de tus servicios, tu actitud y la forma en la que reaccionas antes ciertos eventos se transforma por completo.

Hoy día, decir o pensar que tener una relación laboral es sinónimo de seguridad, es habernos quedado en los años 90.

Vivimos en tiempos de cambios constantes, en donde las empresas y los profesionales están todo el tiempo reinventándose, buscando incrementar sus ingresos, llegar a más clientes y buscando ser la mejor marca del mercado.

Dejar nuestro futuro y finanzas en manos de una empresa, no es responsable, siempre debemos buscar otras fuentes de ingreso, para que el día que suceda cualquier evento y la relación laboral termine, puedas tener otra entrada para salir a flote. (La pandemia, nos enseñó mucho).

Por lo tanto, si te llegó ese momento en el que la empresa decidió terminar la relación laboral, agradece todo lo aprendido, pide un feedback de todo tu desempeño, pide recomendaciones para mejorar y ponte siempre disponible para futuras oportunidades.

No hay nada más sano y profesional que decir adiós con gratitud y humildad.

Lo mismo debemos hacer cuando un profesional decide tomar otro rumbo, si observo que no hay opciones en la empresa para que dicho profesional pueda seguir evolucionando a donde desea. Suelo aconsejarlo, mencionarle las áreas de mejora, y felicitarlo por el nuevo logro, me pongo siempre disponible para todo lo que necesite y también le pregunto ¿Qué crees que podemos mejorar como empresa? Escuchar ese feedback es gratificante y enriquecedor.

Recuerda, todo en esta vida pasa, lo bueno y lo no tan bueno, vivimos en un mundo de constante cambios, por lo tanto, prepárate para que los cambios no te agarren con los pantalones abajo.

Te mando un fuerte abrazo.

Verónica Mildred.

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